
Ayer al entrar en mi habitación después de comer y ver ese solazo que entraba por la ventana, me quise zambullir y sentir su calor. Soltar cansancio y disfrutar sin más.
Me tumbé como en verano en la piscina, solo que en mi cama mientras los rayos de sol me bañaban. Lejos de darme la vuelta y ponerme de espaldas o de taparme los ojos porque los rayos me daban directamente en la cara, empecé a jugar con el sol, a querer atrapar un rayo entre mis pestañas. Es algo que me divierte, me fascina y que hago muy a menudo cuando hay un día soleado de invierno como el de ayer. Me pregunté si la gente hace lo mismo: Jugar con las pestañas y un rayo de sol.
¿Y tú, has jugado alguna vez a atrapar un rayo de sol entre tus pestañas? Para mí es lo más parecido a mirar por un caleidoscopio, pero muy diferente a la vez. Es como si el rayo de sol se quisiera colar entre los pelos de mis pestañas y encontrar una rendija para seguir su camino imparable hacia mí. De hecho, yo no quería pararlo, simplemente ver qué pasaba. Fue mágico. De repente, al hacer cerrar el párpado despacito y buscar la justa medida de la abertura, a través de las pestañas, comenzaron a formarse miles de rayitos de luz multicolor con el sol en el centro, como si éste tuviera alas de arcoíris multicolores llenas de brillo, como si el sol tomara forma de mariposa en abanico, o quizás como una libélula de brillantes y trasparente alas, ¡jo! Qué espectáculo allí mismo en la pupila de mi ojo.
Empecé a abrir y cerrar el párpado sin despegar las pestañas y el sol con sus alas de mariposa comenzó a tener movimiento, a aletear arriba y abajo moviendo a su paso tantas minúsculas partículas de luz que era difícil no asombrarse. Después de un rato, dejé que el sol mariposa descansara sus alas y dejé quietas mis pestañas, dejé que sus rayos entraran por mi pupila. Allí, en ese instante, fui consciente de que mi habitación estaba llena de luz, la ventana reflejaba los colores verdes del jardín y los gorriones revoloteaban entre las ramas sin hojas de los árboles con sus plumas bien frondosas y brillantes como el sol mariposa. Miré el cielo azul y vi esas partículas de luz minúsculas, como miles de mosquitas revoltosas en el aire. Sentí cómo inhalaba y exhalaba esas partículas y me di cuenta de mi respiración tranquila y la calma que trae el descanso de la pausa, el dejarse ser, sin más. EL sol se mantuvo un rato más en el marco de mi ventana, hasta que fue desapareciendo tras los árboles, mientras yo me sentía llena de la energía del sol mariposa. Me incorporé de la cama igual que cuando tomo el sol en la piscina, cae la tarde y siento que es hora de recogerse. Con la misma sensación de hormigueo gustoso por todo el cuerpo, sintiendo como si en mi movimiento desprendiera mosquitas de luz revoltosas dejando una estela para que, quizás otros, puedan atraparla entre los pelos de sus pestañas.

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