
Se acercan las fechas Navideñas y una avalancha de comidas, cenas, aperitivos, vermuts y cafés compartidos, se nos presentan directamente queramos o no, nos apetezcan o no, lo necesitemos o no, lo deseemos o no…
En el artículo de esta semana quiero compartirte parte del libro: “Leer como un profesor” de Thomas C. Foster, de su capítulo titulado “Da gusto comer contigo: actos de comunión”. En este capítulo C. Foster, a través de la literatura, habla de la importancia de compartir comida en la relación entre personas y lo que significa.
¿Y qué tiene que ver esto con energías, Chus?
En realidad, con todo. Verás que en las palabras de este autor hay mucho en lo que puedas sentirte indentificadx o no, pero cuanto menos te va a resultar conocido.
DA GUSTO COMER CONTIGO: ACTOS DE COMUNIÓN.
“… A veces una comida es solo una comida, y comer con los demás es solo comer con los demás. La mayoría de las veces, sin embargo, no es así…
…Siempre que la gente come o bebe junta se trata de una comunión…, … Lo que hay que recordar en cuanto a las comuniones de todo lo tipo es lo siguiente: en el mundo real, compartir la mesa es un acto de paz…,…Por lo general uno invita a cenar a sus amigos, al menos que uno intente congraciarse con enemigos o jefes. Ponemos mucho cuidado en las personas con las que compartimos la mesa. Por ejemplo, puede que no aceptemos una invitación a cenar de quien no nos cae bien. El acto de ingerir comida es tan personal que realmente solo queremos llevarlo a cabo con aquellos entre quienes nos sentimos a gusto…,… En general, comer con otro es una manera de decir: “estoy contigo, me caes bien, formamos una comunidad”. Y eso es una forma de comunión.
Lo mismo pasa en literatura. Y en literatura hay una razón más: la comida es tan difícil de describir y tan poco interesante en sí misma, que realmente tiene que haber una razón de peso para incluirla en la historia. Y la razón tiene que ver con cómo se llevan los personajes. Ya sea bien o mal…, …Así que, ¿qué clase de comunión? ¿y qué clase de resultado se puede lograr? Cualquiera que se les ocurra…
…Un ejemplo lo vemos en Raymond Carver. Escribió un cuento, “Catedral”(1981), sobre un tipo limitado: el narrador(personaje principal) tiene prejuicios, entre otras cosas, sobre los minusválidos, las minorías, los que son diferentes a él y el pasado de su mujer, del que él no forma parte. Por supuesto, la única razón para dar a un personaje una seria limitación es darle la oportunidad de superarla. Puede que no lo logre, pero se le ofrece la oportunidad. Es la Ley del Oeste. Cuando en un primer momento nuestro narrador nos dice que un ciego, amigo de su esposa, está por venir de visita, no nos sorprende descubrir que la idea no le agrada en absoluto. De inmediato sabemos que nuestro hombre tiene que superar el rechazo a las personas diferentes… El problema de Carver, pues, es cómo pasar de la persona desagradable, prejuiciosa y estrecha de miras de la primera página al punto en el que este pueda tomar de la mano a un ciego en la suya. La solución está en la comida…, …cuando el narrador ve comer al ciego-competente, aplicado, con apetito y, en fin, normalmente- empieza a respetarlo. Los tres comensales, el marido, la mujer y el invitado consumen vorazmente el solomillo, las patatas y las verduras, y durante esa experiencia nuestro narrador descubre que la antipatía que sentía por el ciego empieza a disiparse. Cae en la cuenta de que tiene algo en comúncon este desconocido- comer como un elemento fundamental de la vida– y que allí hay un vínculo que los une…
… ¿Qué pasa si la cena sale mal o no sucede en absoluto?
…Si una buena comida o aperitivo auguran buenas cosas en términos de comunidad y comprensión, una mala comida es de mal agüero…, … Tomemos (el cuento) Reunión en el restaurante nostalgia (1982) de Anne Tyler. La madre intenta una y otra vez cenar con toda su familia, sin lograrlo nunca. Uno no llega, otro tiene que marcharse, a la mesa le ocurre un pequeño desastre. Solo después de su muerte consiguen sus hijos reunirse en torno a una mesa de restaurante y cenar juntos; a esas alturas, por supuesto, el cuerpo y la sangre que comparten simbólicamente son los de su madre. Su vida – su muerte- se convierte en parte de la experiencia común.
Para ver el pleno efecto de la comida compartida con otro, pensemos en ( el cuento) “Los muertos” (1914) de James Joyce. Este maravillosos relato se centra en una cena celebrada durante la Noche de Reyes, doce días después de Navidad. Todo tipo de impulsos y deseos diversos se manifiestan mientras se baila, se come y se revelan alianzas y hostilidades- El personaje principal, Gabriel Conroy, debe darse cuenta de que no es superior a los demás; durante la velada recibe una serie de pequeños golpes al ego que, en su conjunto, le demuestran que forma parte del tejido social general…, …Pocos escritores se ha tomado tanto trabajo en describir la comida y la bebida, han ordenado de tal manera sus fuerzas para crear un efecto militar de ejércitos reunidos antes de la batalla…,… Nadie escribiría un párrafo así sin objetivo alguno, sin un motivo oculto…,…Su motivo principal, con todo, es que entremos(como lectores), que arrimemos la silla a la mesa para convencernos por completo de la realidad de la escena. Al mismo tiempo, quiere transmitir la sensación de tensión y conflicto que ha ocurrido en la velada– hay cantidad de momentos en que los unos discuten con los otros antes e incluso durante la cena- y esa tensión no cuadra con la idea de compartir la comida suntuosa y, dado el día festivo, unificadora.
Joyce lo hace por una razón muy simple y muy profunda: tenemos que formar parte de esa comunión.(como lectores- observadores) Sería fácil burlarnos sin más de Freddy Malins(personaje) el perpetuo borracho, y de su madre chiflada; hacer caso omiso de la charla de sobremesa sobre óperas y cantantes de los que nunca hemos oído hablar; soltar risitas sobre el tonteo entre los más jóvenes; rechazar la inquietud que siente Gabriel por el discurso de agradecimiento que debe pronunciar al final de la comida. Pero no podemos guardar distancia (como lectores) porque la elaborada preparación de la escena nos hace sentir sentados a la mesa. Así que notamos, un poco antes que Gabriel, pues él está absorto en su propia realidad, que estamos todos juntos en esto, que de hecho compartimos algo.
Eso que compartimos es la muerte. Todos los que se hallan en el comedor, desde la enclenque y vieja tía Julia hasta el jovencísimo estudiante de música, morirán. No esa noche, pero algún día. Una vez que reconocemos ese hecho ( y se nos ha dado ventaja con el título…)…el relato avanza sobre ruedas. Ante la mortalidad, que acosa por igual a grandes y a pequeños, la diferencia de nuestras vidas son detalles superfluos. Ya estamos preparados: hemos compartido la comida de comunión que Joyce nos ha servido, una comunión que no celebra la muerte, sino aquello que la precede. La vida.”
-Leer como un profesor- C. Foster
Celebrar la vida, como dice C. Foster o como aquella canción de Mercedes Sosa: “Honrar la vida”, es para mí, vivir y experimentar cada situación que se nos presenta en la vida de la manera más consciente posible, con una mirada compasiva hacia dentro y hacia fuera, como ese lector-observador al que con tanta maestría nos invita Joyce en su cuento: soltando el ego, soltando el juicio y compartiendo el acto de comunión, únicxs en nuestra unicidad y a la vez parte indispensable de esa comunidad o tejido.
Chus¿Cómo es posible celebrar la vida, cómo hacerlo o cómo ver una oportunidad cuando me siento vulnerable, expuestx, juzgadx, señaladx, ignoradx, invisible…?
Te lo cuento en la segunda parte de este artículo y también cómo puedo ayudarte😉
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