
No se tú, pero a mí me cuesta siempre arrancar el año, no porque no tenga ilusión y nuevos proyecto o propósitos, sino por la resaca de energías navideñas que me deja el cuerpo, las emociones y la cabeza un poco vuelta del revés. Y lo sé, no soy sólo yo, es todo el movimiento energético alrededor de estas fiestas que nos envuelven, nos aprietan y nos revuelcan como una gran ola de mar, sin saber cuando vendrá el golpetazo y el asidero a la orilla.
A diferencia de las vacaciones de verano, las navidades son 15 días intensos donde se juntan días de vacaciones para algunos, trabajo para otros, comidas y compromisos familiares, la estresante compra de regalos, las comilonas excesivas y los kilotones de mensajes de felicitaciones por whatsapp, Instagram y demás. Mucho movimiento, poco descanso y a ratos desconexión por la vorágine y los compromisos.
En mi caso he tenido un poco de todo eso, y situaciones inesperadas y maravillosas que han marcado un final redondo para mí y un principio de Año Nuevo 2025 con muchas energías de cambio, motivación, retos e incertidumbre. Y mucha, muchísima necesidad de volver a la rutina y hacer una pausa. Una pausa reconfortante donde poder volver a mí, a mi energía y a equilibrar mis chacras para sentir que vuelvo a estar alineada con lo que pienso, hago y siento. Volver al silencio, y a la intimidad conmigo.
¿A ti también te pasa?
A momentos a mí también me resulta complicado estar conectada todo el tiempo con lo que necesito, lo que deseo o lo que hago. Durante el mes de diciembre he sentido la presión de los días festivos y esa inercia del relativo “parón” que se produce, y digo relativo porque lo que he sentido es como si una ola gigante me elevara perdiendo los pies de tierra y todo cobrara una velocidad abismal.
A nivel laboral, he tenido que hacer encaje de bolillos para cuadrar las sesiones y acompañamientos para no dejar a ninguna persona sin apoyo, y a la vez, no quedarme sin energía en el intento, respetando también mis compromisos familiares y mis días de vacaciones, a la vez que preparaba mis prácticas de Movimiento Vital expresivo con mi compañera Irene y asistir a las clases intensivas de Formación Rio Abierto, junto a mis últimas clases del Mentorado del Arte femenino de Recibir Dinero de mi querida Paula Lacobara y el final del acompañamiento Reescribe tu Propia Historia de mi queridísima Isabel Cañelles, mucha intensidad de trabajo interior, pero mucha presión para mí en poder llegar a tiempo a todo.
A eso súmale: cena de primos, viajes a la estación del ave para recoger y llevar, celebraciones de cumpleaños, traslado en coche a la casa de mi hermano, dormir allí, volver, trabajar, viajar en coche a Granada, más comidas familiares, visitar a la Alhambra, disfrutar de las Cuevas del Sacromonte y su flamenco, El albaicín (por fin un respiro)comer las uvas rodeada de amor y belleza, vuelta en coche a Madrid, los regalos de reyes de última hora, la noticia de un ser querido hospitalizado, sesión de Reiki de urgencia, la cabalgata de Reyes (por la tele porque llueve y no puedo más), duermo, desayuno, a por el roscón de reyes de encargo, comida familiar, despedida y… la ola que me tiene aún arriba en descenso directo: un poco más de trabajo, citas médicas con mi madre, sesión de Reiki de urgencia, vuelta a clase y ¡zas! La ola que rompe y se precipita para dejarme en la orilla mansamente, con la cara pegadita a la arena mientras el sol me calienta la espalda y el cuello, doloridos, contracturados y con mareo de la velocidad, la tensión y la descarga de la ola navideña.
- En mi energía mental de este mes de diciembre, eso se traduce en querer controlar todo lo que tengo que hacer y que no me deje nada por el camino, sin olvidar la energía extra que tengo que inyectar para hacer verdaderos esfuerzos de lo que necesito comprar, a la hora que tengo que recoger en la estación, lo que tengo que meter en la maleta, los whatsapp y llamadas de felicitación por responder y enviar… y un largo etc que me desgasta, me aturde en lo que se refiera a ocuparme de mí y de mis cosas y de las de los demás que demandan en estas circunstancias.
- En mi energía emocional se traduce en alegría del encuentro y el entusiasmo junto a la incertidumbre de asuntos pendientes, la energía extra de intentar que yo esté bien y mi entorno también siendo consciente de que en algún momento mis emociones y las emociones de otros pueden saltar y generar un choque en el que el conflicto aflore, sentir inquietud, y después confianza, unas dosis de rabia y enfado contenidas en una sonrisa, euforia por noticias inesperadas y maravillosas que traen profundos cambios, miedo por la incertidumbre de lo que vendrá; y tristeza y preocupación por la enfermedad de otros, ternura demostrada y también contenida, y amor, mucho.
- En mi energía física y corporal se traduce en estar atenta a cuidarme sin dejarme llevar por el exceso de comida, vino o azúcar, por el hecho de cuidar mi cuerpo y no exponerlo sin control, este año puedo decir que me he portado bien con la comida, pero no tanto con el estrés, el movimiento, el no descanso y la tensión, el resultado ha sido: contractura cervical severa con atisbos de mareo que me impiden ver el atardecer desde la orilla.
- En mi energía espiritual entendida como mi relación con mi entorno, he sentido la conexión con cada persona que acompaño, con los vínculos familiares a ratos conectada orgullosa y emocionada, a ratos contenida, a ratos solo conmigo… con personas queridas he sentido unión profunda, con otras distancia y desconexión, con mi perra Luna complicidad y con la belleza de la naturaleza y el arte humano, sobrecogida.
La ola navideña a pasado dejando un rastro de cansancio mental, subidas y bajadas emocionales, dolor físico y necesidad de conexión e intimidad interior.
A cada persona se le manifiestan estos desajustes energéticos de formas diferentes (dolor de cabeza, desajuste intestinal, gripe, bajada de defensas, frustración, desgaste emocional, apatía, depresión, patrones mentales en bucle, ansiedad, estrés)
En mi caso, para equilibrar y armonizar mis energías recurro a la meditación y mis propias sesiones de autoreiki que me devuelven a la alineación de mis centros de energía para vibrar en la misma frecuencia. Después de la sesión de autoreiki mi contractura ha dejado de doler y mis músculos tensionados ya vuelven a tener espacio, movilidad y flexibilidad, siento que hoy tengo más claridad mental para gestionar la agenda de acompañamientos de este mes de enero y la energía renovada para escribir este artículo. Además de sentirme entusiasmada y contenta por todos los proyectos nuevos que traigo para los meses que vienen, a la vez que inquieta y con miedos ante la incertidumbre y los nuevos retos. Lo que sí me siento es reconectada con mi esencia, con mis necesidades y con mi entusiasmo de saber que cada paso que estoy dando, cada emoción sentida, cada pensamiento proyectado, cada decisión tomada son fruto de saber que lo que hago, siento y pienso están en coherencia con mi momento vital, y es un placer compartirlo contigo.
Si tú también quieres sentirte en coherencia, equilibrio y armonía, te invito a echar un vistazo a mis acompañamientos de Reiki y masaje, no hay nada más reconfortante que dejarse cuidar.
- Si estas navidades has cuidado mucho: déjate cuidar.
- Si estas navidades la ola te ha pegado fuerte: déjate sostener.
- Si estas navidades te han dejado flotando en mar abierto y con tormenta: déjate acompañar hasta la orilla.
Vuelve a ti, equilibra y armoniza tu energía para vibrar en calma como la cadencia del sonido del mar al llegar a la orilla.
Te abrazo, te abrazo fuerte.
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