
Hoy, 16 de mayo, se celebra Día Internacional de la Luz una fecha perfecta para recordar que todos llevamos una chispa luminosa en el centro de nuestro ser. Mayo nos invita a florecer, a abrirnos como lo hacen las flores al sol en este mes donde la naturaleza se expande y la energía vital vibra con más fuerza.
Y es que, en estos tiempos en los que muchas personas hablan de apagones internos —fatiga emocional, confusión, pérdida de sentido o desconexión espiritual—, volver a esa luz interior se vuelve más que un acto simbólico: se convierte en una necesidad.
El corazón: centro de amor y expansión energética
En muchas tradiciones espirituales, el corazón no es solo un órgano físico. Es el puente entre lo terrenal y lo espiritual, entre la materia y el alma. En Reiki, cuando colocamos nuestras manos sobre el centro del pecho, el chakra corazón, no solo ayudamos a equilibrar al cuerpo emocional, sino que también activamos nuestra capacidad de amar, perdonar y conectar con otros desde la compasión, desde la verdad del Ser.
En momentos de «apagón», donde el mundo exterior parece nublado o incierto, volver al corazón es una forma de re-conectar con la verdad interior y encender la luz que nos guía. Porque cuando nos sentimos perdidxs, no necesitamos más estímulos externos: necesitamos volver a casa, al centro, a lo que realmente somos. El budista Dzigar Kongtrul nos insta a volver a casa de la mano de la ternura, lo que èl llama Tsewa.
Me gusta especialmente cómo lo expresa en su libro «Cultivando la ternura»:
«…La mayoría de nosotros somos como moscas atrapadas en un lugar cerrado, anhelando salir al exterior pero estampándonos contra la ventana una y otra vez…»,»…Conocer la profunda satisfacción de un corazón cálido y abierto nos hace estar menos aferrados a todas las cosas que normalmente nos obsesionan: nuestro cuerpo, nuestra riqueza, nuestras posesiones, nuestro tiempo, nuestro ocio, o nuestro privilegio de regalarnos algo agradable como un masaje. No es que rechacemos todas las cosas placenteras en nuestra vida. Pero descubrimos que ninguna es tan agradable, significativa ni beneficiosa como simplemente mantener nuestro corazón abierto.», «…Una bellota no puede germinar por sí sola. Depende de otros factores. Si la pones en la guantera de tu coche no sucederá nada, aunque esperes miles de años. Pero si la plantas y la cuidas, esa diminuta bellota se puede convertir en un magnífico roble. Si tuvieras una bellota así de prometedora y el terreno perfecto para plantarla ¿no sería un desperdicio dejarla en la guantera? Por mucho que sea una pena desperdiciar el potencial de una bellota, ¿Cuánto más lamentable sería desperdiciar el potencial de un corazón tierno?«
La sombra también es parte de la luz
Desde mi humilde experiencia sé que aceptar e integrar la sombra requiere de mucha, mucha ternura interna. Aceptar nuestras sombras —esos aspectos de nosotros que hemos escondido, rechazado o temido— es uno de los actos más valientes y sanadores que podemos realizar. No se trata de eliminarlas, sino de integrarlas. Al hacerlo, recuperamos energía, claridad y autenticidad. Aceptar e integrar nuestra sombra significa liberar tensiones acumuladas, disminuir la autoexigencia y la culpa, abrir espacio para la autoestima compasiva, mejorar nuestras relaciones, mostrarnos más auténticxs y conectar con una fuerza interior más profunda y estable.
Ser luz también es abrazar la sombra
Iluminar desde el corazón no es un acto puntual. Es una práctica cotidiana. Es elegir, incluso en la incertidumbre, ser presencia amorosa. Es sostener sin forzar, mirar con compasión, ofrecer sin agotarse. Reiki nos recuerda que esa luz está siempre disponible, incluso cuando sentimos que no brilla con la misma intensidad.
Hoy, en este día de luz y expansión, te invito a abrazar también tus momentos de sombra. A no temer los apagones, porque a veces son solo pausas que la vida nos da para ver la luz desde otro ángulo. Reiki es el canal, pero tú eres la fuente.
Reiki como herramienta de equilibrio e integración
La energía Reiki nos acompaña en este proceso con la suavidad de una caricia tierna. Su energía no juzga ni fuerza: simplemente fluye, armoniza y sostiene. Algo así como el tsewa de Dzigar Kongtrul. Cuando trabajamos con Reiki, la energía comienza a equilibrar los chakras que han sido afectados por miedos, bloqueos o patrones inconscientes. Por ejemplo:
El chakra corazón puede estar cerrado por heridas antiguas o miedo al amor. Reiki lo suaviza, lo desbloquea, y permite que la luz vuelva a circular.
El chakra raíz, relacionado con la seguridad, puede estar debilitado en tiempos de incertidumbre. Reiki devuelve una sensación de presencia y estabilidad.
El tercer ojo, sede de la intuición, se activa cuando estamos dispuestos a vernos con verdad, sin máscaras. Reiki facilita esa claridad interna.
En síntesis: Reiki nos ayuda a ver con amor lo que antes rechazábamos, y a equilibrar nuestra energía desde la compasión y la ternura integrando nuestras luces y sombras. Es esa energía luminosa que nos nuestra el camino de regreso a casa.
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