
Hay silencios que pesan, ¿verdad?
Silencios que se instalan en tu cuerpo, que se esconden detrás de un suspiro, de la contención de tu respiración o de una rigidez que protege tu corazón.
Cuando vives un duelo —por una pérdida, un cambio o una despedida— hay algo en ti que se detiene, aunque el mundo siga girando. Y tu cuerpo lo siente todo.
Quizá ya has recorrido parte del camino desde la calma del Reiki, dejando que la energía te envuelva y te sostenga.
Tal vez también has sentido cómo el Masaje Circulatorio Consciente ayuda a ablandar esa coraza invisible que protege y duele a la vez.
Y puede que ahora sientas que necesitas algo más… una forma de dar voz a lo que aún no has podido decir.
Ahí es donde el Movimiento Vital Expresivo se convierte en tu voz.
El cuerpo como canal de expresión
Tu cuerpo tiene un lenguaje propio.
A veces, cuando las palabras se te apagan, tu cuerpo sigue queriendo contar tu historia.
El duelo no solo vive en tu mente; se guarda en tus músculos, en la espalda, en la respiración, en el pecho que se te cierra para no sentir.
El movimiento consciente te invita a escuchar esas zonas que han quedado dormidas.
A través de la música, de la presencia, del gesto, puedes dejar que la emoción encuentre una salida sin tener que explicarla.
Moverte no es huir del dolor, es volver a conectar con la vida que sigue latiendo dentro de ti.
De la quietud al pulso
En el espacio del Movimiento Vital Expresivo, no hay una forma correcta de moverte.
Cada paso, cada respiración, cada gesto se vuelve una puerta para soltar lo que pesa y abrazar lo que eres ahora.
A veces es un balanceo suave, o una lágrima que se transforma en danza.
Otras, un temblor que siente liberar, o un silencio profundo donde por fin puedes sientes que puedes descansar
En ese movimiento, tu duelo empieza a tener voz.
Y sin darte cuenta, el cuerpo comienza a contarte su verdad.
El dolor se vuelve movimiento, el movimiento se vuelve alivio, y en ese flujo… empieza la sanación.
Integrar para poder seguir
El duelo no se supera: se integra.
Y para integrarlo, necesitas incluir al cuerpo.
Cuando te mueves desde la presencia, puedes honrar lo que fue sin perderte tú.
Puedes agradecer, soltar, y abrirte paso a paso a lo que vendrá.
El cuerpo sabe cómo hacerlo.
Solo necesita que le des permiso para expresarse.
El movimiento se convierte entonces en un acto de amor: hacia ti, hacia la vida, hacia quienes ya no están, pero siguen latiendo en tu memoria.
Un momento para cerrar el año, y abrir el corazón
En este tiempo de noviembre, cuando todo parece ir hacia dentro, también tú puedes recogerte.
Permítete mover el duelo, dejar que tu cuerpo hable en lugar de sostener tanto silencio.
Baila tu tristeza, respira tu cansancio, y deja que la vida te atraviese de nuevo.
Cuando el movimiento abraza el silencio, el duelo se transforma en vida.
Y lo que parecía una despedida… se convierte en semilla.
El sentido de mis acompañamientos integrales
Cada proceso que acompaño —ya sea a través del Reiki, el masaje o el movimiento— nace del mismo propósito: ayudarte a habitar tu cuerpo como un espacio sagrado de conciencia y transformación.
Creo profundamente que el alma necesita expresarse también a través del cuerpo, y que cuando energía, emoción y movimiento se encuentran, algo dentro de ti vuelve a su lugar.
Mis acompañamientos integrales están pensados para reconectar lo que se fragmentó, devolverte al presente y recordar, juntos, que la vida siempre encuentra una forma de renacer, porque hay muchas más partes sanas en ti que parte rotas, sólo necesitas Re-cordarlo.
En mis clases de Movimiento VItal expresivo, creo un espacio íntimo y grupal donde podrás moverte, sentir y permitir que el cuerpo exprese aquello que necesites. Soltar aquella persona que ya no está, aquel proyecto que no salió, aquella relación que no saló como esperabas…No estás sola.
Te invito a cerrar el año desde la verdad de tu sentir y el amor hacia ti misma.
Con ternura
Chus

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