Susurros del cuerpo · I

Hay un momento del día que casi nadie ve.

Cuando, por fin, cierro la puerta de mi habitación. A veces ni siquiera la de mi habitación. Sino la del cuarto de baño.

Es entonces cuando el teléfono deja de sonar. Cuando ya no queda nadie esperando algo de mí. O si lo esperan, cuando logro acallarlo.

Y es en ese preciso momento cuando aparece el peso.

El peso.

Me siento en la taza del váter. Mis hombros caen. Mi espalda se curva. Durante unos segundos permanezco así, quieta, intentando encontrar una postura que me permita respirar.

Fuera, la casa continúa con sus quehaceres

Pasos al otro lado de la puerta, voces que llegan desde alguna habitación. Por la ventana el ruido de la calle y el aire tibio de la noche. Un plato se rompe y me sobresalto, otra vez en alerta con mis orejas como antenas parabólicas en lo de fuera. Mi cuerpo todavía parece estar preparado para saltar, levantarme y salir gritando: Queeeeee??

Pero no lo hago.

Me quedo quieta y poco a poco, mi respiración comienza a cambiar. Pasa de respiraciones agitadas a respiraciones cortas… Después, algo lentas y profundas. Un suspiro sale de mi y me ayuda a estirar los brazos, a su vez mover los hombros y girar suavemente el cuello … ufff un pequeño crujido rompe el silencio. Quedo sutilmente aturdida y me quedo quieta un instante… Como si escuchara el propio ruido de mi cuerpo.

Suspiro con una gran bocanada y como como si fuera una palanca accionadora me levanto, abro el grifo y me lavo las manos con jabón. El agua corre entre mis dedos. Me mojo la cara. Me refresca y parece como si mi cara dejara de estar estirada como un chicle.

Apoyo las dos manos sobre el lavabo, con la cabeza agachada gesticulando con la cara dejando que la arruga profunda de mi frente tome espacio y permanezco así unos segundos.

Fuera, la vida sigue pasando.

Vuelvo a sentarme con cara fresca, el cuello liberado y respirando en un tempo de descanso. El tiempo dentro de mi pequeño refugio, parece ir un poco más despacio.

Y mi cuerpo que no toda yo, se lanza a tomar espacio .Me siento en el suelo. Apoyo la espalda en la bañera…estiro las piernas… Cierro los ojos…

Por la ventana entra el aire tibio de la noche y roza mi cara… durante unos minutos no hago nada.

Nada pasa.

Me dejo estar.

El mundo sigue girando al otro lado de la puerta.

No tengo ganas de abrirla y No lo hago.

Un poco más.

Respiro.

Por un instante, mi cuerpo no intenta llegar a ninguna parte.

¿Qué es eso que siento diferente? ¿Qué es?

Sí, eso … una pequeña grieta por donde entra más aire

Con los ojos cerrados lo siento,

Me permito escuchar ese susurro. ¡Aaaah! ¡ummmm!

Por ahora…

Solo por ahora.


Queridas, hay días en los que no necesitamos hacer más.

Quizá necesitamos un lugar donde parar., como la mujer del relato, un espacio donde nuestro cuerpo pueda hablar un poco más bajo. Donde podamos escucharlo antes de que tenga que gritar.

A veces, cuidarnos empieza simplemente ahí.

Dándonos permiso para parar. En darnos permiso para recibir. En dejarnos acompañar. En recordar que no siempre tenemos que poder con todo solas

Quizá este verano pueda ser una invitación a escuchar esos pequeños susurros del cuerpo

A encontrar nuestro propio espacio. Nuestra propia pausa. Nuestra propia manera de cuidarnos.

Quizá solo necesitamos empezar por escuchar los susurros del cuerpo

El resto puede llegar después.

Y quizá, si estás leyendo esto y algo dentro de ti ha resonado, este verano puedas regalarte un espacio para parar, escuchar y cuidarte.

A veces a través del movimiento. A veces a través de la respiración. A veces dejando que unas manos nos recuerden que también podemos descansar. Y otras, simplemente, compartiendo un espacio con otras mujeres que son oasis.

He preparado diferentes propuestas para acompañarte en ese camino, a tu ritmo y de la manera que más necesites.

Puedes descubrirlas en mi Guía de Verano. 🌿

Te abrazo con ternura

Chus


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Publicado por chuslosada

terapeuta reiki, terapeuta psicocorporal sistema rio abierto

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